Recuerdo, que de pequeño, una de las meriendas que me preparaba mi abuela, era la de una rebanada grande de pan empapada en vino y aliñada con azúcar (pa amb vi i sucre, en catalán). Y me daba energía.

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El vino ha sido reconocido como bebida desde hace largo tiempo, para acompañar la comida, y en Europa ha venido siendo utilizado por lo menos desde el siglo XVII como estimulante del apetito y ayuda digestiva, en definitiva como vino medicinal. El alcohol contenido en el vino puede ser considerado como fuente primaria de calorías (1 gr de alcohol proporciona 7Kcal). Mas o menos, podríamos decir que una copa de vino equivale a entre 80 y 100 calorías, según el tipo de vino.

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Las bebidas alcohólicas también proporcionan algunos micronutrientes como el hierro, en el caso del vino, aunque un consumo elevado de alcohol puede desplazar otros alimentos, y por lo tanto nutrientes, ocasionando de este modo unas graves deficiencias. Algunos estudios han demostrado que la relación entre las enfermedades cardiacas coronarias y el consumo de etanol puede ser inversa según el nivel de consumo de alcohol.

Un buen número de estudios han demostrado también que en relación a la incidencia de apoplejía, y en especial los accidentes cerebrovasculares (apoplejías isquémicas), es menor entre los bebedores moderados que entre los no bebedores.
Se cree que el alcohol eleva los niveles de la lipoproteína de alta densidad del colesterol, pero también puede ejercer sus defectos por medio de una disminución del fibrinógeno, o en la agregación de las plaquetas.

Aunque el alcohol es el principal ingrediente farmacológicamente activo, existen otras sustancias, ya sean naturales en la piel de la uva o formadas durante la fermentación, que también actúan.

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Los compuestos fenólicos del vino están implicados en la prevención de las enfermedades del corazón y en el bloqueo de las células cancerosas. También se ha demostrado que el resveratrol, una sustancia fotoquímica abundante en la piel de la uva y en el vino, y más especialmente el vino tinto, muestra una “actividad quimiopreventiva del cáncer”. Se ha señalado el transresveratrol como un potente antagonista de la adherencia de los estrógenos, lo cual puede aportar efectos beneficiosos en el área del cáncer de mama.

Otros compuestos, en este caso los antioxidantes del vino, como la quercitina, la catequina y el resveratrol, parecen ser responsables de la reducción de la proporción de la fracción mala del colesterol, la formación de plaquetas y el aumento de grasa en las arterias.

Así que no hay excusas: el vino, es medicinal.

Escrito por Xavier Bassa i Valls, sígueme en @xbassa