Todos tenemos un pasado y un: mi primer vino fue… Y sí, yo tengo un pasado y reconozco que pasada la adolescencia, mis primeros restaurantes con mis primeras citas, tenían unos primeros vinos comodín: el Mateus Rosé, Viña Esmeralda y Raimat Clos Abadia… Por nombrar algunos. Y también algún que otro moscatto.

Vinos que ahora, no pido nunca. ¿Por qué? Pues porque la gente maduramos, crecemos y evolucionamos, normalmente para mejor. En el mundo del vino, también crecemos, nos educamos y maduramos en nuestras elecciones. De la misma manera que, con cuarenta años,  no vestimos igual que como cuando teníamos quince, ni hablamos igual, ni vamos de copas a los mismos sitios, lo lógico es también madurar en la elección de nuestros vinos a la hora de comer.

Si a priori, puede parecer una opción aceptable con 18 años, como primer contacto con el mundo del vino, pedir una botella de vino turbio o de Lambrusco, lo que no podemos luego, con treinta o con cuarenta años, es seguir bebiendo estos productos.

Por poco que profundicemos en el mundo de la  gastronomía y del vino, nos daremos  cuenta que una botella de vino turbio (evidentemente un vino sin D.O.), que la gran superficie comercial o un distribuidor la compra a 0.90€, si realizamos el ejercicio de descontar los costes del envase  de cristal, del tapón, la etiqueta, la caja y el transporte, nos quedan unos 0.25€ para el vino contenido y, ¿qué calidad de vino creéis que podéis encontrar dentro esa botella?

Y luego está el tema del Lambrusco rosado, del mismo precio que el vino turbio, pero encima tiene el sobrecoste de venir de ¡Italia! Pues aún peor calidad que el otro… Si vais a Italia y se os ocurre buscar un Lambrusco Rosado, veréis que no existe. De hecho, el Lambrusco rosado solo se elabora para el mercado español. En Italia  solo encontraremos lambruscos tintos y los hay de buena calidad. Pero aquí, raramente los veréis.

lambruscoHe encontrado una imagen que define a la perfección el momento de consumo del Lambrusco. Pertenece a una infografía realizada por popthewine.com, y creo que no hace falta buscar más palabras para definir lo que pienso de este producto y para que se debe usar. Y quede claro, que yo no tengo nada en contra de este producto, siempre y cuando tengamos presente eso, que como puerta de entrada al mundo del vino, pase, pero como bebida habitual, dice muy poco a vuestro favor, sobretodo de vuestro nivel gastronómico y de lo poco que os importa vuestra salud.

En cuanto al vino turbio, se sitúa al mismo nivel de calidad que un Lambrusco rosado, pero con el añadido que no ha sido filtrado, contiene lías que enturbian y ensucian la botella. Dicho de otra manera, una guarreria de vino. Recordáis hace años una campaña que hizo el gobierno de España  (FROM), la ¿pezqueñines? No gracias. Pues desde la D.O. Ribeiro, se hizo una campaña difundiendo unos trípticos que decían ¿Turbio? No gracias. Por algo sería…

Xavier Bassa i Valls, sigueme en @xbassa

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