Desde que nacieron en Estados Unidos, por el año 2000, los restaurantes pop-up parecían tener los días contados; pero el tiempo ha demostrado lo contrario y la verdad es que siempre habrá comensales interesados por experimentar algo nuevo en el mundo culinario.

Los restaurantes pop-up podrían definirse como lugares efímeros: hoy están, mañana no. Son restaurantes que nacen en el garaje de una casa, en un jardín, en un local desocupado, en un descampado… ¡En fin! Su naturaleza es nómada y esto es lo que fascina a los clientes, porque las reservas sólo pueden hacerse online y su marketing depende de las redes sociales.

La hospitalidad de los anfitriones, la calidez en el trato y la innovación en el servicio son las claves para que los restaurantes pop-up no hayan perdido vigencia en tantos años. De acuerdo con un estudio publicado por Eventbrite (la red social de eventos y encuentros), las experiencias pop-up están más vigentes que nunca, porque no se quedaron en la anécdota de ofrecer un lugar distinto para comer sino que se han sofisticado hasta el punto de generar experiencias únicas como comer a oscuras; brindar un concepto completo que incluya menú, decoración e invitados especiales; cocinar con restos de comida, etc.

Una búsqueda rápida por Google antes de 2009 no registraba prácticamente ningún resultado con el término “restaurante pop up”; pero a partir de 2014 se convirtió en tendencia y la experiencia se volvió viral. Prácticamente en toda Europa encontramos propuestas pop-up que mezclan buena música con menús degustación o asados al aire libre en lugares increíbles o chefs de altísimo nivel cocinando para unos cuantos en plan club exclusivo.

En Madrid, The Table ha hecho un recorrido por la gastronomía española en su local, a través de seis experiencias pop-up que han tenido lugar en el Urso Hotel & Spa. Cada mes (desde octubre de 2014) invitaron a un chef o un restaurante para que ofreciera su propuesta, con un ambiente, un menú y una estética propia. Por sus fogones pasaron los gallegos Marcos Cerqueiro y Iago Pazos, de Abastos 2.0; el Cenador de Amós de Cantabria; el Etxanobe, de Bilbao o  L’Escaleta, de Kiko Moya.

restaurantes pop up 4

Otro ejemplo en España es el trabajo de The New Black, que organiza eventos y estrategias de comunicación de manera diferente y tiene entre sus servicios, las cenas pop-up. Por supuesto, también están los eventos de Closer Gastronomic Social Club, que mezclan magistralmente la buena comida con la buena música en diferentes escenarios.

closer gastronomic social club

De manera que la tendencia del restaurante pop-up no muere sino que se reinventa, porque sus posibilidades son tan amplias como el concepto mismo y, a juzgar por las ideas locas que se nos ocurren cada vez que vamos a un evento innovador, es muy probable que las pop-up se transformen en más y mejores propuestas culinarias.

 Zulma Sierra, sígueme en @zulmaandrea