A nadie le gusta toparse con una medusa mientras se está bañando en el mar. De hecho, tampoco es agradable verlas muertas sobre la arena como si fueran gelatina mutante. Sin embargo, los grandes cocineros de Europa están encontrando en ellas una novedosa y salada fuente de inspiración.

No nos engañemos: las cocinas japonesas, chinas, tailandesas y coreanas ya saben de sobra cómo preparar estos celentéreos, tan abundantes en el Mediterráneo; pero a Europa, la recomendación no sólo llega como un plato innovador sino como un imperativo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

En efecto, el informe Review of jellyfish blooms in the Mediterranean and Black Sea (Revisión de la proliferación de medusas en el Mediterráneo y en el Mar Negro) advierte sobre  la necesidad de consumir este animal antes de que las costas se vean invadidas y haya que tomar medidas más drásticas.

Volviendo a la experiencia asiática, los chefs cogen sólo la cabeza o capuchón y la dejan secar hasta que toma un color amarillento. Luego la cortan en tiritas y la preparan junto con verduras, vegetales y salsas en todo tipo de guisos y ensaladas.

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La versión europea no solo deshidrata y desala aún más la medusa ya seca para convertirla en harina sino que también la mezcla con potajes o la convierte en tortitas muy tostadas. En cualquier caso, para que nos hagamos una idea: la medusa sabe a percebe o, lo que es lo mismo, sabe a mar. Algunos comparan su sabor con el de un alga y otros van más allá, calificándola de manjar similar a la ostra fresca. Liofilizada, deshidratada y, casi siempre, con aditivos, la medusa va ganando terreno en las cartas españolas.

La Sopa Boba, en Alpedrete (Madrid) ofrece ensalada con medusa, ramallo de mar y wakame; así como rabo de toro con medusa de guarnición y tempura de medusa. Con la harina están probando galletitas y no se cortan a la hora de “jugar” entre fogones, porque resulta barata y fácil de manipular.

Carme Ruscalleda también es una incondicional de la medusa, con todas sus propiedades culinarias, estéticas (tiene mucho colágeno) y saludables (cero colesterol).  En 2003 la probó en Japón y en 2005 se atrevió a cocinar una que le trajeron de las playas de Sant Pol de Mar, cuando la costa estuvo plagada por estas visitantes. Desde entonces, el Sant Pau la incluye como ingrediente en algunos platos o como tapa.

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El Dos Palillos, fiel a su filosofía oriental, apuesta por la medusa en un aperitivo que incluye aceite layu (con guindilla), vinagre de arroz, soja y sésamo; y en el kimchi coreano (col fermentada).

De manera que si este verano nos vemos invadidos de nuevo por una oleada de medusas, en vez de esquivarlas tendríamos que incluirlas en nuestro menú y disfrutar un poco más de sus múltiples posibilidades.

Zulma Sierra, sígueme en @zulmaandrea