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La mala costumbre de poner gaseosa al vino | Social Gourmets

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que la gente tenga costumbre de poner gaseosa al vino: no lo entiendo. Es una práctica muy habitual entre la clientela de los establecimientos de restauración de los polígonos industriales, o lo que llamamos, bares de menú. Pero también pasa en algunos buenos restaurantes.

Hace años, un día me podía la curiosidad y en uno de estos restaurantes de carretera, con el vino del menú, pedí una gaseosa para hacer la prueba. No le encontré la gracia. El vino quedaba diluido, aguado, sin grado, dulzón, con mayor sensación de acidez y, con burbujas.

Me pareció más desagradable aún. Pero en las mesas vecinas, incluso pedían una segunda botella de gaseosa porque la primera, ¡ya estaba vacía!

Parece ser que la costumbre viene de los años 50, terminada la posguerra, cuando las grandes bodegas y las cooperativas comenzaron a producir vino masivamente, industrializando el vino, con grandes producciones pero de muy baja calidad, y una de las maneras que encontró la población de hacer más tolerable este vino, fue añadiéndole gaseosa, un agua azucarada y con burbujas.

Y la industria de la gaseosa prosperó de manera exponencial. Esto sin embargo, era en los años 50, entre una población agraria y pobre. La costumbre se ha extendido hasta nuestros días. Pero los vinos que tenemos ahora son vinos de mucha más calidad que los de entonces. Y ya no hay que añadir nada para que sean aceptables de tragar, porque generalmente, no tienen defectos. El eco de la posguerra, parece que continúa todavía…

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Recuerdo hace ya bastantes años, un día fui a cenar con un conocido y nuestras respectivas parejas. El restaurante, era un lugar digno, no un gran restaurante, pero si un establecimiento de carta cuidada, buen producto, y cocina detallada. Al pedir el vino, el tipo pidió vino de la casa y gaseosa, sorpresa para todos (incluso su acompañante abrió los ojos de par en par).

Evidentemente, nunca más volví a compartir mesa con este individuo.

En una escena de la película Two much, en la mesa de un restaurante, Antonio Banderas aprovechando que su compañera de mesa (Melanie Griffith) va al baño, le pone una medicación dentro de la copa de vino, de un vino caro y escaso que le ha recomendado el sumiller . Este al verlo, indignado, le quiere retirar la botella, porque cree que aquello es una falta de respeto indignante, y Antonio Banderas le espeta:

– El vino lo he pagado y hago lo que quiero con él.

Desgraciadamente, Antonio tenía razón. Cada uno puede hacer con el vino lo que quiera, como si le quiere poner mistol, pero estaremos haciendo visible nuestra incultura en temas de vinos…

Un día me preguntaban, ¿qué hacer si un amigo nuestro se pone gaseosa al vino? La respuesta fue clara, dije: cambiar de amigo.

Xavier Bassa i Valls, sígueme en @xbassa