¿Alguna vez os habéis preguntado porqué nos besamos en la boca?

Es difícil determinar en qué momento de la historia de la humanidad surgió el hábito de besar, pero lo que sí podemos asegurar es que la costumbre de besar en la boca, se puede datar en el año 740 antes de Cristo, pues historiadores griegos y romanos (Plutarco y Valerio Máximo), dejaron datado en sus obras que por aquellos tiempos, Rómulo, el primer rey de la monarquía de Roma, dictó y estableció por ley, lo que se convirtió en una costumbre.

En dicha ley, se prohibía a todas las mujeres el consumo de alcohol y se les prohibía terminantemente beber vino puro, llamado entonces temetum (de hecho, la palabra del latín temetum, significa bebida alcohólica. De ahí, si añadimos abs-, tenemos abstemio, persona que no toma nada de alcohol). Entonces pues, todas las mujeres debían ser abstemias.
También indicaba esta ley, que tampoco les era permitido a las mujeres tener bajo su control las llaves de los lugares de sus propias casas donde se guardase el vino.

El fin de tal disposición era ayudar a mantener en todas las mujeres una perfecta y pudorosa conducta, pues consideraban que el consumo de esa sustancia, no ayudaba mucho en mantener esa rectitud, que tanto se requería de una mujer.
La manera que se estableció para poder comprobar si alguna mujer había violado la ley, era que su marido debía acercarse a su cara y sentir su aliento. Nacen ahí pues, los primeros controles de alcoholemia: sin retiradas de puntos, pero con peores castigos…

el vino 2
Esto funcionó durante un cierto tiempo, pero llegó una ley más firme aún, que obligaba a los hombres a rozar los labios de su esposa con los suyos (siempre realizado esto en un ámbito estrictamente privado), para asegurarse que sus esposas no habían consumido vino.
Los esposos más recelosos colocaban su lengua dentro de la boca de su cónyuge y parece ser, que cuando las parejas se empezaron a dar cuenta de que esta imposición legal, resultaba ciertamente apasionada y también bastante placentera, la adoptaron como una demostración de amor.

En esto, no he comentado que pasaba si una mujer se descubría que había faltado a la norma: su castigo era tan grave como el de las adúlteras y el de las prostitutas.

En fin, menos mal que los tiempos han cambiado, pero nos ha quedado la costumbre de besarnos como manera de canalizar un deseo, una atracción, y de desfogar una tensión sexual no resuelta.
Y por amor, claro.

Escrito por Xavier Bassa i Valls, sígueme en @xbassa